Hoy volví de la Costa. Y recordé lo que es la ciudad, (en verdad nunca lo olvidé), el viaje fue arduo, siempre me cuesta viajar, me mareo pero en el retorno ese mareo se vuelve peor, más constante,
quizás sea no querer volver...
Llegamos a la terminal con doscientos
bártulos cada uno y cuando nos ponemos a esperar un taxi viene una
viejita y dice algo
así como ¨Hace un
montón que estoy esperando¨y justo llega un taxi y yo se lo ofrezco,
quizás por tener
todavía un poco de aire
vacacional. Mi novio me mira
atónito. Al rato (diez o quince minutos) viene otro, lo tomamos y vamos derechito a casa. En el trayecto nos encontramos con un
cordón humano de
prefectura Vs trabajadores del casino (o
ex trabajadores) y cualquiera que se les quiera sumar, piqueteros, los de
buquebus, las madres de los chicos del casino (?)... etc. Llegamos a la puerta de mi edificio, cargados como burros, y una vecina tarda
aproximadamente cinco minutos en abrir la puerta con una sonrisa en la cara diciendo... recién llegaron no? ( SI Y ESTAMOS CANSADOS...), entramos subimos, dejamos los
bártulos, le pido un taxi. Se va. Y prendo la
compu y leo blogs,
mails y un poco el
Clarín. Todo sigue como siempre. La ciudad sigue siendo el mismo
quilombo, nuestras vidas no cambiaron y
después del
paraíso, siempre se vuelve a caer en la realidad. Hoy duermo sin nadie al lado. Empieza a correr el tiempo en serio. Ahora importa si son las cinco, las diez o las dos de la mañana. Se empieza a acabar el verano.
Bienvenidos a la
City.